ACTOS DE AMOR

Actos de amor

Quiero hablar de nuevo en este artículo del Amor, ese que se escribe con mayúsculas, que algunos califican como universal, ese que, entre otras muchas cosas, integra, nos da plenitud y nos hace ser conscientes, cuando contemplamos la realidad, de la maravilla que somos y que nos rodea. Ya en otro artículo hablaba de que el amor hacia nosotros es el fundamento en el que se sustenta el amor a todo lo demás, por eso es algo que tenemos que profesarnos, a cada instante, sin desfallecer. Ya lo dicen las frases hechas como que “hay que mantener viva la llama del amor”. Habitualmente esta se refiere a las relaciones de pareja, pero la voy a aplicar aquí al amor propio, que es algo que deberíamos avivar a cada instante. Ese es el primer acto de Amor por el que es importantísimo comenzar si queremos que los demás actos de Amor sean realmente puros.

Seguro que si indagamos, se nos ocurren innumerables ejemplos y siempre asociados a otras personas, a seres vivos de todas las categorías y especies e, incluso, a lugares, parajes, entornos… Lo que sí está muy claro, creo, es que el Amor se pone en acción cuando implica a otro (sin olvidarnos de uno mismo), ahí es cuando tenemos que activarlo y avivar ese fuego del que hablábamos para que se mantenga encendido, porque más que un estado es acción continuada. En definitiva y en pocas palabras, el amor es y se activa en las relaciones (sean de la categoría que sean).

Me gustaría centrarme ahora en un acto de Amor concreto y que yo considero uno de los más difíciles de llevar a cabo. Tiene que ver con la despedida, con el dejar ir a personas, experiencias, contextos, que una vez fueron fundamentales y que han sido muy significativos en nuestras vidas. Es lo que algunos llaman desapego. Sin duda, el llevarlo a cabo con templanza, serenidad y sin excesos emocionales, ya sería un indicativo de que nuestro amor propio tiene buena salud, pero esto no suele ser lo habitual y tendemos a aferrarnos en exceso, a no aceptar la situación, a enfadarnos o a hundirnos en la más profunda tristeza. Todo esto es muy humano y no debemos negar nuestras emociones, sino regularlas y darles un lugar mullido en el que calmarse, el problema es cuando no dejamos ir y atentamos contra la libertad del otro, sin tener en cuenta el momento vital en el que se encuentra. Apresar y subyugar es lo opuesto al amor; soltar, despedirse y dejar ir es Amor verdadero. Además, si forzamos la situación, guiados por nuestros deseos egoístas, provocaremos el efecto contrario al deseado. Por eso, despedirnos, en el momento adecuado, con serenidad y comprensión, aunque parezca contradictorio, es una de las mayores muestras de amor que podemos poner en acción en nuestra vida y, sin duda, nace de un amor propio equilibrado que se despliega, puro, más allá de los limites que nos definen, generando a nuestro paso nuevos espacios para el encuentro.

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