MOMENTOS CUMBRE

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En esta etapa en la que acabo de publicar un libro donde aparecen, en forma de poemas, experiencias que abarcan un periodo muy significativo de mi existencia, mi mente no puede parar de reflexionar sobre los acontecimientos que hacen que la vida, de alguna manera, cobre sentido.

Estoy hablando de cuando se llega a la culminación de un proyecto, de los momentos importantes, esos que nos remueven los cimientos, que nos dejan las piernas temblorosas al llegar a su cima, los que nos hacen, incluso, cuestionarnos toda nuestra vida, los que nos evalúan, los que nos abren nuevas posibilidades, aquellos que nos colman y que, a la vez, nos dejan vacíos.

Son esos instantes los que nos hablan de que no nos hemos quedado estancados, de que nos hemos movido en la dirección anhelada, impulsados por la pasión de hacer lo que más nos gusta, y que nos abrió, en su momento, un horizonte inimaginable, ni siquiera, en nuestros más elaborados sueños.

Pero es que, además, esa etapa culminante en la que se llega al apogeo de los propios anhelos, nos desvela, por un lado, la magnitud del viaje hasta llegar ahí, y, por otro, las nuevas posibilidades que se muestran ante nosotros. Es el final de un viaje y el inicio de otro y, además, la recompensa por el atrevimiento de haber abierto una puerta tras la que no se sabía qué podía haber, pero imprescindible para desvelar nuevos umbrales.

Momentos cumbre pueden darse en la vida los que deseemos, todo pasa por no quedarse demasiado tiempo estancado, por no pensar que ya se ha alcanzado la meta final. Desde luego que hay que saborear lo conseguido, detenerse a contemplar todo lo que se ha experimentado para llegar a ese instante… Seguro que en la ascensión se han dado situaciones complicadas por las que hubiéramos desistido y seguro que nos atormentaron pensamientos boicoteadores que nos taladraban con insistencia: “para qué”, “no lo vas a conseguir”, “no te creas tan valioso”, “es imposible”… Pero esto solo le da más valor a lo logrado por todo aquello que se consiguió vencer.

Luego, tras coronar y respirar hondo el viento fresco que sopla como un bálsamo en la cima, tras degustar con detenimiento el paisaje que nos circunda, es muy importante iniciar el descenso, gozando de los logros, con equilibrio, serenidad e, incluso, desapego, para iniciar un nuevo ascenso, una nueva aventura que sumar y disfrutar en nuestra vida.

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